Ashtanga, el mago de mi cuerpo, mente y alma

por Marie Le Baron

Cuando el Ashtanga vino a mí, me cautivó por completo, dejándome tan asombrada como hechizada. Empecé a leer, indagar, buscar videos, libros, blogs y sobre todo a practicar. Día tras día regresaba a la shala para practicar siendo cada vez más constante y determinada. Ahora, seis meses después, puedo decir que el Ashtanga yoga es mi práctica, la que me ha atrapado y enganchado. Y empecé a pensar “si hubiera conocido esta práctica antes… si hubiera comenzando antes…” Pero al final En cualquier momento que comience es el momento correcto. Así que a practicar no mas, nunca es tarde, ¡Practica, practica y todo llega! Así, el Ashtanga Yoga se convirtió en mi pequeño mago, el que me susurra en la mañana: “Levántate Marie, vamos, no seas floja” y “Acuéstate ya. Que si no, no podrás levantarte mañana y te arrepentirás”.

Bien sea en mi mat sudando, en mi trabajo investigando por internet, en mi casa tratando de descifrar el inglés de Kino Mc Gregor para entender sus tips en youtube, en reuniones escapándome para poder levantarme temprano y entrenar, en la cena aburriendo a mi novio de tanto yoga o bien sorprendiéndome al decirle “pero amor no puedo ir a vivir a tumbes, no hay ashtanga yoga por allá!” y unos minutos después “no puedo ir al cine, tengo que dormir temprano”; así entró el ashtanga en cada rincón de mi vida.

Esta práctica me abre las puertas a un mundo de exploración física, mental y espiritual. Cada día viene con su aprendizaje tanto a nivel físico como mental o emocional. Cuando no estás aprendiendo una nueva postura, como hacer la otra correctamente o entrar más profundamente en ella, estás aprendiendo a nivel interno a domar y aquietar tus emociones, tus pensamientos y tu ego. Como bien me dijo Laura, más vale que te duela el ego y retrocedas un poco en tu práctica a que te duela la rodilla. Eso es lo que me encanta del Ashtanga, es un viaje interno que a través del cuerpo te enseña sobre ti mismo y te reconecta. Te exige, te reta tanto física como mentalmente. Aprendes a conocer más tu cuerpo, sus posibilidades y sus debilidades; a conocer tu mente, sus altibajos y su poder, a observar tus estados de ánimos fluctuantes y limitantes, aprendes a disfrutar del camino en lugar de perseguir los resultados, aprendes a ser ecuánime y no es nada fácil.

Asimismo, encontré en esta práctica oportunidades de crecimiento, nuevos retos por cumplir, caminos por explorar y temas por investigar. Practicando mi corazón está contento, mi cuerpo me lo agradece y mi mente se rinde. ¿Cómo no querer profundizar y saber más? No es que pretenda ser profesora al finalizar la formación, aunque en el fondo sí es un deseo que tengo bien presente pero el maestro llega cuando el estudiante está listo, y me siento muy feliz de emprender este camino. Junto a mi práctica, mi constancia y determinación, el profesorado es para mí un paso más que quiero tener, una bonita (aunque cara) oportunidad para profundizar mi práctica y mis conocimientos acerca de todo el mundo yóguico, la filosofía, su historia, su medicina, los mantras, la energía que quiero aprovechar al máximo y poder compartir luego.