El Yoga en mi vida

Por Shessira Sánchez

Desde la primera clase de yoga que tomé, sabía que algo mágico había llegado a mi vida y había llegado para quedarse. Me habían entregado el remedio para curar la enfermedad del alma que en ese entonces me venía matando, algo me llevaba cada día a practicar, aunque levantarme me resultara difícil. No entendía muy bien en qué consistía esta disciplina, pero poco a poco cada postura me iba revelando cosas nuevas, era algo más que movimientos superficiales, conectaba mi mente con mi cuerpo y me permitía sentir.

Empecé practicando power yoga, algunas veces hatha y hot yoga, probé kundalini e iyengar, pero fue el power yoga el que me gustó, tal vez porque me daba la fuerza que necesitaba en ese momento. El fluir entre movimiento y respiración me permitía desconectarme de lo externo y conectarme con una parte de mí que hasta ese momento desconocía.

Este primer acercamiento con el yoga no duró mucho tiempo, por muchas razones tuve que dejar de practicar y como toda medicina que se deja de tomar sin haber curado, volví a enfermar, los pensamientos y el desorden diario me ganaban. Pero este tiempo me sirvió para entender lo que me sucedía y lo que había causado el yoga en mí, así que empecé a leer e investigar más sobre esta disciplina, sobre meditación y diferentes terapias alternativas, con las que en el pasado me había mostrado muy escéptica. Se me abrió un nuevo mundo y una nueva forma de entenderlo, de entender la vida en su conjunto.

Y así, como cuando uno conoce un lugar hermoso y desea volver a ese sitio que le causo tantas sensaciones lindas, regrese al yoga y no solo de visita, sino con el deseo de vivir en él. Y empecé a construir este nuevo hogar, con paciencia, con sonrisas y con mucho trabajo.Todo cambió por completo, sin aflicciones ni angustias: mi rutina diaria, mi alimentación, mis intereses, mi perspectiva y mi entender de la existencia,desde lo más chiquito hasta lo más grande. Se presento una nueva forma de vivir, más real, más verdadera.

Cada día aprendo algo nuevo y recibo lo que el Universo pone en mi camino con agradecimiento, y debo decir que siempre me sorprende. Fue así que llegué al Ashtanga Yoga, había llevado algunas clases guiadas antes y me causaba mucha curiosidad, ya había empezado a sentir que algo le faltaba a mi práctica y me sentía un poco estancada. Y de pronto surgió la oportunidad de inscribirme en Ashtanga Yoga Perú y desde el primer día en Mysore sentí la conexión con el Ashtanga, poder hacer los saludos al sol al ritmo de mi respiración, de forma concentrada y calmada, sintiendo cada postura, fue lo que me cautivó, me permitía conectarme más con mi práctica y las sensaciones en el cuerpo eran increíbles. Cada postura de la serie me enseña algo nuevo todos los días, aprender a relajar el cuerpo y trabajar con las bhandas, superar miedos  y retroceder en las posturas para trabajarlas mejor. Me ha enseñado a escuchar y entender mi cuerpo de otra manera, a través de las sensaciones y como ellas son la expresión de todo lo que se produce en el alma.

El yoga nos enseña que somos más que cuerpo en un mundo material, el alma trasciende el cuerpo y nos une en un todo infinito. La respiración y las asanas nos conectan con el yo interno como parte de un proceso de auto reconocimiento, para equilibrar nuestro ser y generar ese equilibrio en el universo. No somos seres individuales, ni únicamente seres culturales, todos nos encontramos unidos en un punto y cuando trabajamos con respeto hacia nuestro cuerpo y nuestro ser, lo estamos haciendo por todos los seres.

Luego de tantos siglos de destruir el planeta en el que vivimos y de destruirnos como especie, creo que ha llegado el momento de despertar lo que todos guardamos dentro de nosotros y empezar a construir. El yoga es uno de los caminos y creo que hay que entregarlo a todo aquel que lo necesite y lo busque, así como también difundir los saberes que diferentes culturas han desarrollado miles de años atrás y que la ciencia moderna ha despreciado por tanto tiempo. Yo pensaba que el cambio era algo que se tenía que trabajar a nivel de políticas de estado o cambios sistémicos, pero nada se logra si no trabajamos nuestro ser, si no comprendemos que hay algo que nos une como seres más allá de la cultura, el país o la religión.

En los años que llevo estudiando antropología he aprendido sobre diferentes culturas, costumbres y formas de vida en nuestro país, con saberes de un valor indescriptible, con una fuerte conexión con la naturaleza y todo aquello que los rodea y les da vida ¿Por qué hemos perdido esto? es  algo que me suelo preguntar, pero si algo me ha enseñado hasta ahora la vida es que nunca es tarde para el cambio y aun hay mucho mas por aprender. Retomar lo que todos los sabios nos han entregado, todos, sin importar cultura, ni país. En ese descubrir estoy ahora, aprendiendo sobre ayurveda, budismo y profundizando en el yoga, tomando todo lo que se me presenta, cada nueva enseñanza, con mucho respeto.

Cada día al despertar y al finalizar mi práctica en el shala, agradezco que el yoga haya llegado a todos nosotros y que haya llegado a mi vida. Agradezco al universo que me haya dado la oportunidad de nacer de nuevo, de nacer desde el corazón e iniciar este nuevo camino, por todo lo que se me entrega y por tener la oportunidad de entregar sonrisas sinceras.

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